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La Coctelera

Categoría: el vecino

Me enamoré del vecino (peor para mi)

El vecino de arriba, (el chalado de la bañera ), llevaba varios meses viviendo en el piso. Cuando coincidíamos en el ascensor siempre aguantaba la puerta para dejarme pasar. Un simple gesto de educación, pero cuando no estás acostumbrada a esos lujos, cuando la gente que sube contigo en el ascensor es poco educada, les da igual que vayas cargada de bolsas de la compra y muchas veces te cierran la puerta en las narices, no por maldad, sino por falta de costumbre, entonces, un gesto de caballerosidad como aquel, te llega al alma. A veces te enamoras y no sabes el momento exacto en el que te has enamorado. Yo me enamoré aquel día en el ascensor, en el corto trayecto que lleva de la calle a mi casa. Dejé de comer, no por adelgazar, no por estar mas guapa. No tenía hambre y no comía. Me alimentaba de fantasías. Me tumbaba en la cama y miraba al techo. Intentaba traspasar con la mirada, con los pensamientos, con la fuerza de mi amor medio adolescente aquellos pocos ladrillos que me separaban de el. Me asomaba al patio de luces. Miraba las luces encendidas de su cocina y lo imaginaba de mil maneras, cocinando, bebiendo una cerveza, lavando la ropa, planchando, y me dolía el corazón. Buscaba por todos los medios encontrarme con el. Y me encontraba. Nunca por casualidad. Un día le escribí un anónimo. Copié de una revista una especie de poesía que me gustó y se la envié:
“ ....y sólo cuando surge el amor
sin saber como,
a la manera de un regalo maravilloso
entonces:
se ve con claridad
se vibra con la luz
nos invade la música
como si todas las estrellas sonrieran,
...y sólo entonces,
de alguna manera,
se puede jugar con la belleza...”
Durante varios día evité encontrarme con el. Una semana después de enviarle el anónimo, se presentó en mi casa. Al abrir la puerta casi me muero del susto.
- Hola Micaela, me dijo, venía a pedirte un favor.
Me puse colorada y tartamudeé, cla- cla-claro, di- di- me, dime.
-Verás, sabes que vivo solo y me he enterado que tu haces limpiezas en casas. Por favor, te importaría venir algunas horas a mi casa, con horario flexible, por supuesto. Necesito alguna persona de confianza. Naturalmente te pagaría.
Pero que hijo de puta, pensé.
Continuará...

El vecino de arriba ( la tentación de la bañera redonda)

La vieja de arriba, la que vive encima de mi, murió una noche de verano. La encontraron varios días después. Fue el olor lo que nos alertó. Tuvimos que llamar a los bomberos, que se presentaron varias horas después cuando ya nadie los esperaba y Miguelón, el hijo de la María, la del tercero, había sacado un martillo para echar la puerta abajo. Murió sola. Todos pensábamos que no tenía familia y hacíamos apuestas para ver quien se quedaba con el piso. Mi candidato era el ayuntamiento y el de mi madre el banco. Las dos nos equivocamos. Apareció un pariente. Llegó, sacó los cuatro muebles apolillados que tenía la pobre vieja e hizo obras. Y vimos, con una mezcla de incredulidad y admiración, aparecer a dos operarios cargando una gran bañera redonda. Nadie entendía donde iban a colocar esa cosa tan enorme. Menudos polvazos que iba yo a pegar en esa piscina, decía mi hermano Matías. Pero si no cabe en el cuarto de baño, decía mi madre. Y todos los vecinos del bloque, sin excepción, pensábamos lo mismo: ¿para que narices querrá una bañera tan grande? Debe ser un chalado. Y se quedó con el mote para siempre: el chalado de la bañera. En un barrio como el mío, donde todo el mundo se conoce, donde todos sabemos la vida de los otros, y si no sabemos, inventamos, también adquirió fama de conquistador y de hombre de mundo. Y muchas mujeres, incluida yo, soñamos durante mucho tiempo con conocer la ubicación exacta de la bañera, o sea, donde demonios la había colocado, teniendo en cuenta que en el cuarto de baño era imposible que cupiera. Más de una vez pensé en un baño calentito, con burbujas y mucha espuma, dos copas de vino bueno ( el vino bueno elegido por él, no entiendo de vinos), muchas velas como en las películas, música suave, intercalada con Leonard Cohen,con su voz ronca y sensual y muchos mimos. Guau, que sueños. El caso es que el Chalado tampoco es que fuera un hombre demasiado atractivo. Su atractivo residía en el aire de misterio y de hombre de mundo que emanaba y sobre todo en su gran bañera.
Continuará...

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