Aunque no lo aparenta, Paula es la mayor. Le tocó el nombre mas bonito, la cara mas angelical, la nariz mas recta y las tetas mas grandes. No es justo que por haber nacido la primera se quedara con todo. Por quedarse, se quedó hasta con el hombre de mi vida, bueno, con el que iba a ser el hombre de mi vida y ahora sólo es mi asqueroso cuñado. Un tío repugnante y gordo con un olfato increíble para hacer dinero, lo que se traduce en que mi hermana cada año está mas joven y guapa, previo paso por el quirófano, claro. Los milagros no existen si no hay bisturí y dinero en el bolsillo. Y precisamente, dinero es lo que le sobra a mi cuñado, dinero y pocos escrúpulos. Tiene un negocio de máquinas tragaperras y se aprovecha de las ludopatía ajenas( adicción al juego, por si alguien no conoce la palabreja. Tuve que mirar en el diccionario para ver que leche era eso de la ludopatía).
Mi hermana ya no vive en el barrio. Ahora tiene un dúplex en la zona alta de Barcelona y hace más de seis años que no pone un pie en la casa de su infancia. No se lo reprocho. El día que yo me vaya de aquí no miraré atrás. Supongo que nunca sadré del barrio a no ser con los pies por delante, como dice mi madre.
Continuará...