Hoy escucho al hombre del tiempo en las noticias. Dice que viene una ola de frío y que posiblemente nevará en Barcelona. Me lo creo. Y me siento alegre. Va a nevar, pienso. Que bien. Me abrigo. Meto un paraguas en el bolso y miro si la cámara de fotos tiene batería. Si. Me voy al centro. Me preparo para ser espectadora de excepción. Quiero ver cómo caen los copos de nieve en el asfalto, como chocan contra el suelo, como sobreviene el microcaos en una ciudad poco preparada para las inclemencias del tiempo. Miro el cielo. Me desespero. Me siento engañada. No va a nevar. No tiene pinta. Y eso que no soy meteoróloga. Estoy segura. No va a nevar, casi se ve el sol. No sé por qué hago caso al hombre del tiempo. Siempre se equivoca. Ya que estoy aquí aprovecharé para mirar escaparates. Enfilo el Paseo de Gracia, una avenida señorial, burguesa como pocas, con las tiendas mas lujosas de la ciudad, los mejores bancos, con edificios de arquitectura modernista que invitan a pasear la vista por sus fachadas, que invitan a soñar. Me acurruco en el abrigo y rodeo mi cuello con la bufanda. No nieva, pero hace frío. Un frío que te acaricia el rostro, que te despierta de ensoñaciones. Las aceras anchas acogen a los manteros, siempre alertas, siempre pendientes del aviso que les hace salir corriendo. Me paro justo al lado de una gran tienda de lujo. Un paquistaní extiende su mercancía por el suelo. Tiene bolsos, carteras, monederos. Imitaciones de todas las marcas, Chanel, Loewe, Dior, D&G... La gente regatea y compra. Pregunto por un bolso y me pide veinte euros. Me lo pienso. Te doy quince, le digo. No puede contestarme. Tiene que salir corriendo o le requisan la mercancía. Me quedo allí, plantada, mirando cómo desaparecen todas las mantas en segundos. Me acerco al escaparate de la tienda de lujo. Yo no entiendo mucho de marcas, ni de calidades. Comparo precios y creo que el mundo se ha vuelto loco. Yo perseguiría al vendedor en lugar de al mantero. Por abusar con los precios de los productos.
Sigue sin nevar. Me siento doblemente estafada. El paraguas sigue en el bolso. No nevará. Me voy a casa. Estoy cansada.
Continuará...