Contaba mi padre, que cuando yo nací y mi abuela me vio, me tomó en sus brazos y dijo: esta niña está cruda. En Badajoz, donde casi todo el mundo tiene la piel morena, una niña de piel blanca como la leche no es normal. Mi abuela siempre pensó que yo había venido al mundo antes de tiempo. Era un bebé curioso. Miraba a todo el mundo asombrada, como si no creyera lo que veían mis ojos. Era calva. Durante meses sólo tuve en la cabeza una pelusa blanca. Mi abuela me ponía un gorro azul. Decía que parecía tan frágil que necesitaba mucho abrigo. Me atiborraban con comida, decían que estaba muy flaca, pero yo me negaba a engordar. Cuando comenzó a salirme pelo y vieron que era blanco como la nieve, mi abuela se asustó. Pobre niña, decía, ningún hombre querrá casarse con ella. Y redobló su cariño para que no me faltara amor. Tal vez fue por eso, por su paciencia y sus mimos, comencé a hablar antes de tiempo y cuando los demás niños de mi edad andaban a gatas, yo ya me sostenía en pie sola y me escapaba de casa para buscar los brazos de mi abuela.
Cuando tenía un par de meses, mi madre me llevaba en un cesto al campo y me dejaban durmiendo al aire libre mientras mi padre y ella trabajaban la tierra. Por aquella época se araban los campos con vacas. La vaca que mi padre tenía era muy nerviosa y se le escapó. Corría directamente hacia donde yo estaba. Mis padres adivinaron lo que iba a pasar: la vaca me aplastaría. Pero la vaca, detuvo su loca carrera justo unos centímetros antes de pisar mi cesto, como si alguien de pronto la hubiese detenido. Yo creo que ella misma intuyó que si me pisaba me mataría. Cuando volvimos al pueblo mi padre le contó a mi abuela lo sucedido. Ella dijo: -lo sé todo. Tu padre la detuvo (se refería a mi abuelo muerto). Aquel incidente corrió como la pólvora de boca en boca por el pueblo. A mi abuela la llamaron desde entonces Micaela la que habla con los muertos. Por detrás se burlaban de ella. Decían que había perdido la razón. A ella no le importaba. Sabía que se reían pero le daba igual. Había construido un mundo a su alrededor donde no entraba nadie si ella no daba el visto bueno.
A veces sueño con ella. Siempre me pregunta si quiero verla. Sé que aparece en mis sueños para no asustarme. Me dice que heredé su don, el don de hablar con los espíritus. Me dice que no tenga miedo. Una y otra vez rechazo su invitación y ella desaparece del sueño, se va triste, respetando mi decisión.


5 feb 2007 | 11:11 PM
Muchas veces sueño con gente fallecida o con espíritus que se aparecen entre nosotros. Ojalá pudiera mirar a la muerte y vencerla. La muerte me aterra.
11 mar 2007 | 04:37 PM
Es todo un don, de mucha utilidad, mucho más de lo que crees...
Saludos Micaela, continuo...
Antonio Alviárez