Hay días en los que los sentidos se agudizan. Hoy es uno de esos días para mí. Tengo el olfato atrofiado y alguna vez, muy de vez en cuando vuelvo a oler como antes. Entonces recuerdo. El olor a tierra húmeda me aproxima a los veranos en el pueblo y ese olor enlaza con otros momentos de mi infancia, retazos sueltos de ideas que van y vienen. Una chimenea encendida, troncos de olivo quemando lentamente, la ropa que se impregna de humo. Mi abuela contando historias del pasado. Y yo mirándola con unos ojos como platos, abriendo los sentidos para recordar cuando ella ya no esté, cuando sólo sea un recuerdo en mi mente.
Mi abuela se levanta de la silla y va hacia un armario, lo abre y saca una caja de latón. Vuelve a sentarse y la caja descansa en sus rodillas. Sonríe. Lentamente la abre. Me inclino sobre ella y veo un montón de fotografías, viejas fotografías de color sepia desgastadas por el tiempo. Son gentes que no conozco. Escoge una. Esta es mi hermana, dice. La toma entre sus manos con infinita ternura. Tenía dieciseis años cuando murió. Veo a una mujer joven y rubia. La encuentro guapa. Te pareces a ella, dice. Busco un parecido y no lo encuentro, pero no digo nada. Mi abuela sabe mas que yo.
Me preparo. Sin duda mi abuela va a contarme la historia de su hermana.
Se llamaba Matilde, cuenta mi abuela con voz nostálgica, y era rubia como tu. El color de sus ojos era indescriptible y dependía de su estado de ánimo, una mezcla entre azul y verde, otras veces parecían grises. Tenía los ojos más extraños y enigmáticos que jamás he conocido. Eran unos ojos que atrapaban, seductores, altivos. Con apenas quince años conoció al amor de su vida. Desde ese instante sus ojos se transformaron, se volvieron verdes, verdes como la esperanza. Juan Prat, así se llamaba, llegó al pueblo en primavera, cuando los almendros florecían. Matilde lo vio llegar y lo esperó. Lo miró con aquellos ojos indescriptibles y lo atrapó. El sólo dijo: tu vas a ser la madre de mis hijos. Ella echó a correr. Desde ese momento los dos acechaban al tiempo para encontrarse. Así transcurrió un año. La primavera siguiente Juan se fue, desapareció como había llegado y Matilde lo esperó en vano. Cuando ella se convenció que Juan no volvería, que se había ido para siempre, escogió su mejor vestido y se hundió en el río. La encontraron tres días después. La corriente la había arrastrado hasta un recodo del camino y el pastor que la encontró contaba que parecía una aparición. Sus ojos, abiertos de par en par eran ahora de color gris. El día que la enterraron, un día de primavera, a los almendros se les cayó la flor, y aquel año no hubo cosecha de almendras.
Mira la fotografía, dice mi abuela. Y la miro. El amor a veces destruye, me cuenta. Se tiene que tener cuidado con el. Baja la voz y casi susurrando me dice: Ten cuidado Micaela, tu eres como ella.


17 mar 2007 | 05:40 PM
Hermosa narración (otra vez diciendotelo). Tu abuela debió ser un ser increíble, eso no lo dudo.
17 mar 2007 | 05:41 PM
Tú tienes lo ojos igual a la hermana de tu abuela?, cambian con el momento?...
Saludos.
17 mar 2007 | 05:49 PM
Un relato triste pero muy bello. Lleno de calor humano que transporta al lector a ese indefinido espacio del tiempo que es el pasado de cada cual. Los olores tienen esa magia que nos traen recuerdos que considerabamos olvidados. A veces pienso que no se atrofia el olfato, si-no que al perderse la ilusión de este; pasamos de el durante la batalla de la rutina. Y de sopeton un día nos regala todo un paisaje del pasado. Así me pasó durante el verano del 2005 que estaba en Catalunya... en un pueblo de playa... sentado en un banco... y de pronto estaba en mi infancia en Santa María del Mar una playa de Cuba. Tambien me acordé de mi abuela y mis hermanos y aquel nucleo familiar con esos momentos que estaban en el cajon de los olvidos.
Saludos, y gracias por compartir un relato tan hermoso.
17 mar 2007 | 06:34 PM
Micaela nuestras abuelas siempre nos buscan parecidos, es una pena lo que sucedio, me recuerda a Penelope de Serrat -en la misma época, casi- y los recuerdos, qué sería la vida sin ellos.
Saludos Micaela
17 mar 2007 | 09:53 PM
LA historia de Matilde es como la de Ofelia de Hamlet en todas las familias hay esas historias.., es posible que Juan Prat no pudiese volver, esos amores tan intensos suelen ser correspondidos..
Un abrazo, y no nos dejes en vilo, sigue publicando frecuentemente