Un ruido extraño
Anoche escuché ruidos extraños. En el duermevela del sueño me pareció oír un golpe, como si alguien hubiese dejado caer algo al suelo. Me despertó la extraña sensación de que algo andaba mal. Abrí los ojos. Miré el reloj. Eran las cuatro de la mañana. Agucé el oído. Ningún sonido. Sólo el tic tac del reloj. Estuve un rato con los ojos abiertos y los sentidos alerta. Mi madre roncando en la habitación de al lado. De repente pasos por la escalera, pasos apresurados. Me levanto, voy hacia la puerta y miro por la mirilla. No veo nada. Estoy un rato detrás de la puerta. Nada. Sólo silencio. Un perro ladrando interrumpe mi desconcierto. Abro la puerta. Voy descalza. Subo las escaleras y veo la puerta de Antonio abierta de par en par. La cinta policial con la que han precintado la puerta está tirada en el suelo. No debería entrar, puede ser peligroso, pero entro. Las luces están encendidas y todo está revuelto. Paseo por la casa. Entro al cuarto de baño y veo la silueta de Antonio dibujada en la bañera. El no está pero yo lo veo, como si todavía estuviera. No sé cuanto rato estoy allí, de pie, absorta en mis pensamientos. Me doy cuenta de que si alguien me ve, será difícil explicar mi presencia en la casa. Recobro la cordura y decido llamar a la policía. Salgo al rellano y me siento en las escaleras a esperar. Cuando llega la policía me encuentra sentada en las escaleras del rellano. La vida está llena de casualidades. Reconozco al mismo hombre que me interrogó en la comisaría. Estoy descalza y en pijama. El también me reconoce. Se agacha y dice – Chiquilla, te vas a helar. ¿no te das cuenta del frío que hace?- Pone sus manos en mis hombros y me mira a los ojos mientras intenta levantarme suavemente. Su compañero entra en la casa de Antonio. El me toma de la mano y entra conmigo en la casa. Hablan entre ellos. Dicen que los ladrones buscaban algo. Una vecina abre su puerta. Ha escuchado ruidos y sale a ver que pasa. Empieza a venir gente. Veo a mi madre que pregunta con cara de susto – Micaela,¿qué pasa? ¿qué haces con ese policía? – No contesto. Alguien lo hace por mi. – Han entrado a robar- Casi sin darme cuenta me encuentro sentada en el coche patrulla. Tengo mucho frío, tirito. El se quita la chaqueta y me la cede. Cuando llegamos a la comisaría pienso en los indigentes que duermen en la calle. Pienso en el frío que cala los huesos. Estamos él y yo solos en su despacho. Me doy cuenta que estoy en pijama y descalza y siento vergüenza. Su voz resuena en mis oídos – Buscaban alguna cosa. ¿tienes idea de que podía ser? – Pienso en la llave que me dio Antonio, pero no digo nada. Sólo niego con la cabeza. Mi boca no habla. –Esto le da un nuevo enfoque al caso- dice. A ver si vienen los resultados de las autopsias. Habla en voz alta. Pero no me lo está diciendo a mi. Se lo dice a el mismo. Me doy cuenta que me está mirando los pechos y me ruborizo. Nota mi turbación y sonríe. Abre un cajón. Saca un puro y lo enciende. Se acerca a mi por encima de la mesa y me dice – Micaela, eres condenadamente guapa, ¿lo sabes? ¿verdad?- No contesto. Miro al suelo. El insiste – ¿Quieres cenar conmigo mañana?- No sé que contestar. Me callo. No me gusta el olor a puro. - No puedo- le digo. Y se sorprende de mi negativa. –Bueno, otro día- dice.
Continuará...


22 mar 2007 | 10:58 PM
Micaela, la verdad es que no ganas para sustos. Cada vez se pone la cosa más interesante.
Un besazo
23 mar 2007 | 02:32 AM
Que me dejas sorprendido mujer. Vaya que tío para pesado ese policía, grrrr!!!. Espero poder leer mas noticias tuyas, más relatos, todo eso que me hace estar pendiente...
Uhmm un kiss wapa!. Un beso vola'o smuackkgliiiuuhhhoooffffuuuhh!!!
23 mar 2007 | 07:27 PM
Pensé por un momento que abusaría de ti, haces bien en no aceptar la invitación :-) Saludos Micaela