Salvador nació el último. Con pocos minutos de diferencia, Matías fue el primero en salir de la barriga de mi madre. En algún sitio he leído, que el hecho de nacer el último significa que eres el mayor de los gemelos. Sinceramente creo que son tonterías. Unos minutos de diferencia no tienen la más mínima importancia para decidir cual de los dos es mayor, ni para definir un carácter, o tal vez si. Matías y Salvador, a pesar de haber compartido el mismo espacio desde que fueron concebidos, son la noche y el día, el sol y la luna, agua y aceite, y a pesar de ser tan distintos, desde que nacieron estuvieron tan unidos que lo que nos sorprendía era verlos separados. Se complementaban en todo. Lo que uno tenía al otro le faltaba y ellos sabían suplir sus carencias sin depender de nadie, sólo el uno del otro. Si uno tenía hambre, el otro también, si uno se ponía enfermo, el otro no tardaba en seguirle. Por eso, cuando Salvador se enamoró, todos pensamos que Matías también se enamoraría en breve. Lo que no pudimos imaginar es que los dos se enamorasen de la misma mujer. Se llamaba Eva. Crecieron juntos y jugaron juntos. Los tres se pasaban las tardes enteras jugando en la calle, al balón, picando a los porteros automáticos para salir corriendo, peleándose con otros niños, riendo juntos, llorando juntos, creciendo. Cuando Eva cumplió diez años, sus padres decidieron mudarse de barrio y no volvimos a saber nada de ellos en ocho años, hasta que una tarde de primavera, Salvador se encontró con ella en un bar. Se reconocieron, se miraron, recordaron los juegos de la infancia e iniciaron otro tipo de juegos. Durante un año Eva y Salvador aprendieron a jugar al amor. Todos notamos el cambio de mi hermano. Estaba como ausente, con la mirada perdida. No dijo a nadie que había vuelto a ver a Eva, tal vez porque intuía que si lo contaba dejaría de ser sólo suya y no quería compartirla con nadie. Un día decidió contarle a Matías que se había enamorado. Matías quiso volver a verla, y cuando la vio también se enamoró. Eva compartió a los dos hermanos. No sabía con cual de los dos quedarse. Hasta que Salvador se enteró. Los vio besándose una tarde lluviosa en el portal de Eva. Y se fue. No dijo nada. Desapareció. Unos meses después supimos que lo habían detenido. Robó un coche y atracó un supermercado. Ahora está en la cárcel. Voy a verle a menudo. Matías dejó a Eva. Se siente culpable de todo lo que le pasó a Salvador. De Eva no hemos vuelto a saber nada.
Continuará...


11 abr 2007 | 03:20 PM
Que lamentable, pero así es la vida, y no es cuestión de suerte, son nuestras decisiones las que marcan el sendero. Pudo su vida ser mejor?... Puede ser que si, aún así, tiene una gran hermana que no le abandona.
Un saludo Micaela y buena semana
11 abr 2007 | 05:18 PM
La vida es como una novela. Que pena lo de tu hermano. =(
11 abr 2007 | 10:35 PM
La verdad es que los hermanos son una cosa rara, puedes pelearte con ellos hasta la muerte, se celan lo que tu tienes y viceversa, son las personas que mas insultas, con las que mas te peleas...pero como alguien les haga daño....reaccionas como una gata, sacas las uñas y haces una piña contra los enemigos. Lo suyo te duele en carne propia. Mucha suerte a Salvador, espero que salga pronto
Un besazo
12 abr 2007 | 05:31 PM
Como la vida misma ¡que bien lo cuentas Micaela! ,parece una pelicula vista en primera fila .
un beso