Hoy he pensado en el señor X, aquel hombre de Valencia que apareció un buen día de febrero, hace un par de meses y que me pidió un guión de cine sobre mi vida. Se presentó como un pequeño gran director con un par de películas filmadas, de aquellas de arte y ensayo, de aquellas para minorías. Tal como apareció, también desapareció. Me pidió que viajara a Valencia, quería conocerme, pero ¿qué pintaba yo en Valencia? ¿qué se me había perdido allí? Nada. Si estaba interesado en mi, era más lógico que viniera él. Ahora, cuando pienso en él, no se me ocurre que podía querer de mi. Sin duda, lo que pretendía no lo sabré nunca, pero ¿me importa?. No, no me interesa en absoluto. Adiós señor X. Que te vaya bien.