Hace dos noches (I)
A veces se hacen locuras sin pensar, simplemente las haces, y es después cuando ya no tienen remedio, cuando te das cuenta de lo que has hecho. Hace unos días entré en casa de Antonio. Ahora lo pienso fríamente y creo que las consecuencias de ese acto inconsciente podían haberse puesto en mi contra. Cada vez que pienso en ello siento escalofríos.
Hace dos noches me quedé dormida en el sofá. Mi madre hacía rato que se había tonado una pastilla y dormía en su habitación. Matías ha encontrado un trabajo de vigilante nocturno y duerme de día. Casi no nos vemos. Ahora la dueña del mando a distancia de la televisión soy yo. Ya no veo partidos de fútbol ni carreras de coches. Se acabaron. De vez en cuando a mi madre le da por ver algún programa de esos que a ella le gustan, pero siempre se acuesta antes de que acaben, la pastilla le da sueño. Me quedo sola, mando y sofá para mi. Cambio de cadena, veo los programas que me apetece ver y me quedo dormida sin que nadie me moleste.
Hace dos noches me desperté sobresaltada. Debía estar soñando algo, aunque no recuerdo qué. Recuerdo que sentía vacío en el estómago. No era dolor, era otra cosa. Era como si notara que me faltaba algo. Tenía a la vez una sensación grande de hastío, de vacío interior, de disgusto, de apatía, de melancolía...
Me levanté y fui a la cocina. Pensé que un vaso de leche me aliviaría, pero no, un vaso de leche no alivia el desencanto.
No intento justificarme. Simplemente cuento como estaba aquella noche. Necesitaba hacer algo. Si hubiera tenido valor habría salido a la calle a pasear, pero no lo tengo, soy miedosa, así es que me asomé a la ventana a mirar la calle. La calle estaba vacía y apenas iluminada. Pensé en Antonio y una idea se instaló en mi cerebro. Esa idea lo ocupaba todo: subir a casa de Antonio, subir a casa de Antonio, subir a casa de Antonio... Busqué la llave. Miré por la mirilla. No había nadie en el rellano ni se escuchaba ningún ruido. Miré el reloj. Eran casi las tres de la mañana. Con cuidado y sin hacer ruido abrí la puerta de mi casa. En unos segundos estaba frente a la puerta de Antonio. Tanteé la cerradura, introduje la llave y entré en la casa. Cerré la puerta y me quedé unos minutos allí, de pie, en la oscuridad, sin saber que demonios estaba haciendo. Cuando recobré la razón quise irme, pero no me moví. Mis ojos se iban acostumbrando a la oscuridad y empecé a reconocer los muebles, la mesa del comedor, las sillas, el sofá...Fui hacia el sillón y me senté. No puedo recordar el rato que estuve sentada en el sillón, sin saber que hacer, sin atreverme a encender ninguna luz y sin querer irme de aquella casa que me tenía hechizada. Recordé que en el cajón de la mesa de la cocina había una linterna. Me levanté y fui a buscarla.


14 may 2007 | 09:54 AM
Esto es muy interesante, siempre he creído que la muerte de Antonio, no es mera causalidad, hay algo detrás.
Un beso
14 may 2007 | 05:05 PM
ahora quiero saber como continua :S
18 may 2007 | 09:20 PM
Bueno, Micaela, no nos dejes en ascuas, sigue.....please
24 may 2007 | 06:48 PM
Micaela esto va tomando tintes de mucha tensión, vamos que estas escribiendo a lo Alfred Hiscot, bueno ya nos contarás como sigue el tema.
Perdona Micaela por no pasar más a menudo ¡voy forzado ¡ créeme ,ya que intento pasar por muchos blogs y el tiempo me consume ¡me falta!.
Un beso Micaela
10 jun 2007 | 12:53 PM
Lo siento pero te he dejado unos deberes en mi blog, pásate y lo verás, un beso