Leo un libro tumbada en el sofá. Estoy enfrascada en él. El mundo no existe, sólo las letras que se suceden, ordenadas, una detrás de otra, bien conjugadas, dando sentido al relato. Alguien me toca un pie y doy un respingo asustada: es mi madre.

-¿Ya estás leyendo otra vez? No entiendo como te puede gustar tanto leer, si, al fin y al cabo todo es mentira. Todo lo que dicen los libros esos que te compras son mentiras, invenciones, cuentos… bobadas.

La miro un momento y no sé que contestarle. Tampoco espera que le responda. Se sienta en el sillón y pone la tele. Es un programa de cotilleos. Vuelvo a mi libro. De vez en cuando ella comenta algo de la tele y yo, educadamente, dejo el libro, la escucho, y vuelvo de nuevo a leer. Así pasa la tarde.