Odio a algunas personas y no sé bien por qué.  Es verlas y sentir el estómago estallar. Siento como mi cuerpo entra en calor, me arden las mejillas, miro con aversión, respiro con irregularidad. Reprimo los deseos de asesinar a esa compañera odiosa, a ese señor que pasa por mi lado y me roza algo más de lo estrictamente necesario, a esa mujer que no me deja salir del metro, que me empuja hacia dentro del vagón cuando yo quiero salir, a ese hombre sudoroso que justo a mi lado mastica un donut  con la boca abierta y me enseña hasta las amígdalas. Afortunadamente es sólo un instante.  Pero, que miedo me doy a veces.