Aquella noche bebí, lo necesitaba. Mi amiga "bolas chinas" y yo nos tiramos a la piscina. Quisimos una noche loca y ¿la tuvimos?.
Mi amiga "bolas chinas" es una vampiresa. Ella sabe tratar a los hombres. Los hombres se vuelven locos con ella. Me está enseñando, no sé si quiero aprender, no sé si me gustará.
Nunca bebo, el alcohol no me gusta, perdón, no me gustaba, aquella noche me gustó.
Hacía frio, era una típica noche de finales de agosto, con tormenta incluida. Nos bebimos una botella de vino entre las dos. Nos jugamos a cara o cruz quien iba a conducir, gané yo. En el juego suelo tener suerte, a veces hago trampas, pero nadie lo nota.
¿Donde vamos? yo que sé, la dejo decidir, a mi la verdad es que me da igual, solo quiero música, empujones y movimiento, tengo ganas de reír, ¿será el vino?. Creo que se me nota en la cara que tengo ganas de amor, me miro al espejo y solo veo unos ojillos achispados.
Ya estamos bailando, la música está muy alta, hace calor, hay demasiada gente, volvemos a beber, intentan ligar con nosotras, mi amiga ríe, habla, arrima su cuerpo al de él, yo miro, sonrío, me dejo llevar. Bailamos hasta agotarnos. Decidimos irnos,  van a cerrar. Salimos a la calle, brisa marina, olor a sal.
Nos vamos, suena un móvil, es el de mi amiga, no sé con quien habla, ni que dice, me da igual. -Te cuento- me dice, y sonríe, enseña los dientes de vampiresa , me mira con cara de complicidad: - Has ligado -  dice, y yo me sorprendo, me miro en el espejo retrovisor y pienso: ¿se me notará mucho la soledad?. Ella sigue hablando: - si, tía, que le molas al amigo del indio (el indio es el ligue de mi amiga, casi dos metros pelo largo y negro), que quieren ir a comer un franfurt, que nos invitan a tomar algo ¿vamos? No lo pienso, ¿el de la camisa negra? pregunto, si, si ese. Vamos.
No está mal el de la camisa negra, sube mi autoestima unos cuantos puntos, está como un queso. Te va a costar pienso, no creas que soy una chica fácil, ¿o si? ¿Me apeteces realmente? no, no me apeteces, me apetece otro, pero ese otro no está, ni estará, se fue, desapareció sin avisar. Yo aún sigo esperando aunque sé que lo perdí hace tiempo. Siento una pequeña punzada en el costado, es dolor por su ausencia. El de la camisa negra se acerca peligrosamente, está tan cerca que puedo intuir sus pensamientos, ¿notará él los míos?
Me besa los labios, no siento nada, me acaricia la espalda y yo pienso en otro. Tengo que hacer un gran esfuerzo para mantenerme a su lado. Me apetece correr, buscarte a ti, besarte a ti, amarte a ti, y tú no estás, está él. Me pide el teléfono, le digo que ya se lo daré, me hago la dormida y noto como me mira. Me siento sucia. Espero a que se vaya y me doy una ducha. Mi amiga bolas chinas está contenta, me cuenta que el de la camisa negra se ha colado por mi, que le ha pedido mi teléfono, que parecía un niño con zapatos nuevos. Yo solo tengo ganas de llorar.