Llevo mucho rato mirando, observando, escudriñando  la foto. Cuando la descubrí por casualidad navegando por internet, estaba buscando información de los institutos públicos de la zona dos. Mi amiga me había pedido que le buscara direcciones para enviar su currículum. Las cosas casi siempre surgen por casualidad, sin buscarlas. Si las buscas normalmente pasan por tu lado sin que te des cuenta, como burlándose de ti: ¿ves? paso por tu lado, escurridiza, y tú ni me miras. No me mereces. Dejas pasar la ocasión. Ya no tendrás otra. Has perdido tu oportunidad, te susurra al oído, pero tú no oyes, estás sorda buscando sin encontrar.

Cuando vi la foto, la luz del día entraba por mi ventana. Ahora ya no hay luz, tan sólo la que sale del ordenador y se refleja en mis ojos. Hace más de veinte años que no veo esa boca. La miro y la encuentro excesivamente pequeña. Siempre me han gustado las bocas grandes de labios carnosos. Trato de rebuscar en mi memoria. No, mi recuerdo no es así. Su boca no era tan pequeña. O puede que sí. Ya casi ni me acuerdo. Los años han debido adornar mi memoria.  Lo que sí recuerdo son sus besos. Miles de besos dados en nueve meses de relación adolescente. Lo que dura un embarazo, lo que dura un curso. Lo que tarda en pasar un verano alejado de ti para olvidarte.

El primer beso de amor de mi vida me lo dio el, se lo di yo. Nos lo dimos...

Continuará...